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Martes, 28 Diciembre 2021 00:00

COMENTARIO DE ACTUALIDAD DOCTORA SUSANA VERDUGO BARAONA

Noche de Paz, Noche de Amor...

 

Primer verso del villancico de Franz Gruber que desde hace casi 200 años se escucha en cada Navidad…pero ¿realmente nos importa y tratamos de hacer realidad el contenido de la canción? La verdad es que desde hace mucho, las llamadas 'fiestas tradicionales' se han convertido en fiestas del consumo y hasta de la ostentación

¿Qué tanto nos preparamos para la paz y el amor en cada Nochebuena? No cabe duda que desde hace un buen tiempo nos pasamos los días previos pensando en los regalos que haremos a nombre del Viejo Pascuero, la ropa que nos compraremos para lo ocasión y los platos especiales que consumiremos en nuestras mesas repletas.  

Compramos y consumimos sin medir las consecuencias. Muchos papás llegaron desesperados a sus hogares porque no tienen dinero para comprarles un regalo a sus hijos. Muchos niños al llegar la medianoche no entendieron por qué ese viejo con ropa de invierno y los colores de la Coca Cola dejo regalos en algunas casas y no en otras.  

Noche de Paz, Noche de Amor. ¿Acaso al brindar con champaña a la medianoche nos acordamos de los más desprotegidos y vulnerables? El nacimiento de Belén estuvo rodeado de un contexto de exclusión para su época que bien valdría la pena recordar para los tiempos que nos tocan vivir... Emociones como el amor, la solidaridad, la compasión o el perdón, inherentes o atribuidas a quien con su muerte dio precisamente origen a esta festividad, Jesucristo, parecen quedar relegadas en medio de las actuales actitudes consumistas.

Sabemos que es difícil cambiar las pautas de consumismo; la televisión nos invade con sus propuestas y los supermercados y grandes tiendas adornan sus locales -cada año más temprano por cierto- con los atuendos de la ocasión. Y allí vemos desfilar a las cajeras con sus gorritos colorados con pompón blanco sin darnos cuenta que cómo terminamos tergiversando el mensaje navideño. Sin embargo, como algo latente e inherente a cada persona, queda la esperanza para hacer que esta celebración recupere su naturaleza siendo un digno y merecido recuerdo a quien con su actitud no solo la originó, si no que dejó ejemplo de amor y solidaridad.

Para mucha gente, cada día de Navidad es uno más en sus vidas, no ven nada especial en la celebración. Para los marginados el día de Navidad es un día muy triste. También para los pueblos que agonizan entre miseria y guerras… Allí no hay Navidad.

Sin embargo, seríamos injustos si afirmáramos que todo el mundo permanece igualado frente a esa visión consumista. No. Lo tenemos claro. Aún hay un mundo que celebra la Navidad, con más modestia que ostentación, con más amor que dinero. A ellos les dedicamos esta columna, sin olvidar que, gracias a la Navidad, se restablecen amistades que se habían perdido un poco o totalmente y, por supuesto, se estrechan los lazos familiares y todos nos deseamos Paz y Amor.

Susana Verdugo Baraona

Combarbalá Noticias.

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